jueves, 21 de noviembre de 2013



INVASIÓN PIRATA EN LA BIBLIOTECA

DIA DE LA BIBLIOTECA

Este año para celebrar el día de la biblioteca se produjo una invasión pirata en el colegio.
Por un día la biblioteca se convirtió en la Isla del Tesoro y todas las clases pudieron disfrutar de la representación de “LA CANCIÓN DEL PIRATA” de José de Espronceda realizada por los alumnos de 5º de primaria.
Estos piratas –poetas nos descubrieron el verdadero tesoro al que debíamos aspirar. No era un cofre lleno de monedas de oro, ni joyas ni piedras preciosas. El verdadero tesoro eran los libros que habíamos leído o íbamos a leer, las aventuras que habíamos vivido con sus lecturas o íbamos a vivir y lo que habíamos aprendido o íbamos a aprender.
Todos recordamos este famoso estribillo:
Que es mi barco mi tesoro,
que es mi dios la libertad,
mi ley, la fuerza y el viento,
mi única patria, la mar.
Pero también aprendimos  este otro:
Son los libros mi tesoro.
Son los cuentos libertad.
Cuando leo me divierto
y vivo otra realidad.



Catalina Ortega
Inmaculada Delgado
CEIP VELÁZQUEZ Fuenlabrada


Aquí os dejamos "La canción del Pirata" de José de Espronceda. 
Canción del pirata
[Poema: Texto completo.]
José de Espronceda
Con diez cañones por banda,
viento en popa, a toda vela,
no corta el mar, sino vuela
un velero bergantín.
Bajel pirata que llaman,
por su bravura, el Temido,
en todo mar conocido
del uno al otro confín.

La luna en el mar rïela,
en la lona gime el viento,
y alza en blando movimiento
olas de plata y azul;
y va el capitán pirata,
cantando alegre en la popa,
Asia a un lado, al otro Europa,
y allá a su frente Stambul:

«Navega, velero mío,
sin temor,
que ni enemigo navío
ni tormenta, ni bonanza
tu rumbo a torcer alcanza,
ni a sujetar tu valor.

Veinte presas
hemos hecho
a despecho
del inglés,
y han rendido
sus pendones
cien naciones
a mis pies.

Que es mi barco mi tesoro,
que es mi dios la libertad,
mi ley, la fuerza y el viento,
mi única patria, la mar.






Allá muevan feroz guerra
ciegos reyes
por un palmo más de tierra;
que yo aquí tengo por mío
cuanto abarca el mar bravío,
a quien nadie impuso leyes.

Y no hay playa,
sea cualquiera,
ni bandera
de esplendor,
que no sienta
mi derecho
y dé pecho
a mi valor.

Que es mi barco mi tesoro,
que es mi dios la libertad,
mi ley, la fuerza y el viento,
mi única patria, la mar.

A la voz de «¡barco viene!»
es de ver
cómo vira y se previene
a todo trapo a escapar;
que yo soy el rey del mar,
y mi furia es de temer.

En las presas
yo divido
lo cogido
por igual;
sólo quiero
por riqueza
la belleza
sin rival.

Que es mi barco mi tesoro,
que es mi dios la libertad,
mi ley, la fuerza y el viento,
mi única patria, la mar.

¡Sentenciado estoy a muerte!
Yo me río;
no me abandone la suerte,
y al mismo que me condena,
colgaré de alguna entena,
quizá en su propio navío.






Y si caigo,
¿qué es la vida?
Por perdida
ya la di,
cuando el yugo
del esclavo,
como un bravo,
sacudí.

Que es mi barco mi tesoro,
que es mi dios la libertad,
mi ley, la fuerza y el viento,
mi única patria, la mar.

Son mi música mejor
aquilones,
el estrépito y temblor
de los cables sacudidos,
del negro mar los bramidos
y el rugir de mis cañones.

Y del trueno
al son violento,
y del viento
al rebramar,
yo me duermo
sosegado,
arrullado
por el mar.

Que es mi barco mi tesoro,
que es mi dios la libertad,
mi ley, la fuerza y el viento,
mi única patria, la mar.»

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